- La propuesta Pinamar 2050 es impulsada por el municipio.
- El proyecto busca equilibrar el crecimiento con la preservación ambiental.
- Surgieron cuestionamientos sobre su impacto en la movilidad y servicios básicos.
El actual gobierno municipal de Pinamar presentó un plan de ordenamiento urbano y territorial que define la hoja de ruta para el desarrollo de la ciudad en las próximas décadas.
El objetivo central es impulsar un crecimiento sostenible en los ámbitos social, económico, turístico y ambiental, priorizando una mejor calidad de vida, la planificación adecuada de infraestructura y servicios, y la preservación -además de la puesta en valor– de los recursos naturales y paisajísticos.
Abarcando la totalidad del partido -las ciudades de Cariló, Valeria del Mar, Ostende y Pinamar- la primera fase del plan se inició con la elaboración de un diagnóstico urbano y territorial de cada localidad, con el objetivo de identificar sus características y problemáticas actuales.

Diagnóstico Carilo: 1. Preservar dunas 2. Área de mar protegida 3. Acceso ruta 4. Reforzar sector hotelero 5. Fijar médanos con especies nativas 6. Fortalecer el sistema de movimientos 7. Fortalecer centro comercial.

Diagnóstico Valeria del Mar: 1. Cuidar especies nativas 2. Consolidar AC Rex 3. Generar corredor comercial 4. Acceso ruta 5. Fortalecer frente costero.

Diagnóstico Ostende: 1. Acceso ruta 2. Fortalecer el centro comercial 3. Jerarquizar el tránsito 4. Mejorar barrio vulnerable 5. Preservar borde costero.

Diagnóstico Pinamar: 1. Analizar límites legales de área 2. Acceso ruta 3. Potenciar corredor frente 4. Fortalecer centro comercial 5 y 6. Nuevos planes particularizados 7. Nuevo centro de salud y comercial 8. Resolver situación legal.
La segunda fase contempló la formulación de un plan de ordenamiento urbano y territorial integral. En esta instancia se proyectó la incorporación de una planta depuradora, la redefinición de zonas, la mejora de accesos desde la ruta, la consolidación de conexiones pavimentadas y la apertura de nuevos sectores urbanos.
El plan deseado propone una reducción de zonas.
En esta etapa, el plan también incorporó un proyecto específico para la avenida Bunge, proponiendo la creación de un distrito homónimo. Esta nueva zona comprende el sector en el que se permite la construcción de edificios en altura.

En relación con el frente costero, esta fase propone la recuperación y puesta en valor del espacio público, con especial énfasis en la Avenida del Mar.

Al comparar la situación actual -que contempla 82 zonas- con la propuesta -que reduciría ese número a 49-, el plan apunta a optimizar y unificar las zonificaciones, además de readecuar las áreas establecidas en el código urbanístico.

Un plan global y ambicioso
Según el secretario de Planeamiento de Pinamar, Ricardo Riddick, uno de los principales objetivos del plan es establecer un ordenamiento territorial claro que permita definir de qué manera y bajo qué criterios debe crecer la ciudad.
El propósito es evitar la dispersión urbana, fortalecer las centralidades existentes y aportar previsibilidad tanto a los vecinos como a quienes invierten y desarrollan proyectos en el partido.
Otro eje fundamental es la protección ambiental. Pinamar posee un patrimonio natural valioso, vinculado a sus médanos, bosques, acuíferos y al frente costero, y el plan parte del principio de que el desarrollo urbano debe darse en equilibrio con ese entorno.
También se trabaja en la relación entre crecimiento e infraestructura, con el objetivo de que la expansión urbana sea sustentable desde el punto de vista operativo y territorial. A su vez, el plan busca promover una economía más diversificada, que complemente la fuerte impronta turística de Pinamar.
Riddick comentó a ARQ que imaginan una ciudad más dinámica y menos dependiente de la estacionalidad, con actividad económica, social, cultural y deportiva durante todo el año, para fortalecer tanto la vida cotidiana de los residentes como la propuesta destinada a quienes visitan el partido.
Este plan establece criterios diferenciados para cada uno de los sectores. En el caso de la costa, la definición central es su protección como frente ambiental, paisajístico y turístico.
Se trata del principal recurso natural del partido, por lo que el objetivo es preservar el sistema de médanos, playas y ecosistemas costeros, regulando las intervenciones y ordenando los usos para compatibilizar el disfrute, la actividad turística y el cuidado ambiental.
Para el área central, la definición es consolidarla como el núcleo urbano, comercial y de servicios. Allí, el plan propone fortalecer centralidades, mejorar el espacio público, acompañar la actividad económica y promover una mayor intensidad de uso en sectores estratégicos, siempre con la infraestructura adecuada.
La normativa urbanística vigente no resulta suficiente por sí sola para implementar el modelo territorial que propone el Plan Pinamar 2050. Por eso, se contempla una actualización específica del Código de Ordenamiento Urbano, herramienta necesaria para traducir esa visión de largo plazo en reglas concretas de uso del suelo y desarrollo urbano.
El marco actual se basa en un código vigente desde 1987, elaborado en un contexto territorial, demográfico y turístico muy distinto del actual. La propuesta prevé actualizar la zonificación, los indicadores urbanísticos, los usos del suelo y las condiciones de desarrollo de cada sector, con el fin de ordenar el crecimiento con mayor claridad, previsibilidad y coherencia territorial.

En las zonas de médanos existe desde hace años una situación vinculada al tránsito de vehículos, especialmente en sectores donde circulan cuatriciclos, motos y camionetas 4×4, lo que genera riesgos viales y un impacto directo sobre el sistema dunar.

Frente a ello, la propuesta contempla avanzar en un mayor ordenamiento, diferenciando áreas de preservación, áreas con intervención controlada y sectores en los que puedan definirse usos recreativos de manera más regulada.
El debate
El lanzamiento del denominado Plan Pinamar 2050 no llegó solo con promesas de futuro: también abrió un debate sobre la magnitud de los cambios propuestos y la velocidad con la que el municipio pretende implementarlos.
Entre arquitectos, urbanistas y vecinos comenzó a instalarse la pregunta de fondo: ¿se está planificando el Pinamar de los próximos 25 años o se está acelerando un modelo de ciudad que todavía no fue suficientemente discutido?
Una de las principales voces opositoras es el abogado Lucas Ventoso, exsecretario de Turismo de la administración actual presidida por el licenciado Juan Ibarguren. Ventoso aseguró que “Se ha tomado la decisión de convertir a nuestro municipio en un mero negocio inmobiliario, lo que queda plasmado en el proyecto de reforma del COU (Código de Ordenamiento Urbano). Las consecuencias sociales de esto serán devastadoras”.

El urbanista Enrique García Espil, exsecretario de Planeamiento porteño, aclara que el Plan Pinamar 2050 “aún se encuentra en sus primeros pasos”, y que todas sus propuestas deberán atravesar audiencias públicas y responder a las inquietudes de la comunidad. Sin embargo, advierte que el municipio no puede permitirse avanzar sin despejar ciertos vacíos estratégicos.
Espil reconoce aciertos -como la decisión de concentrar los edificios de gran altura sobre la Av Bunge, lejos de la costa y con amplias separaciones-, pero resalta que “al proyecto le falta una propuesta clara para abordar el exceso de vehículos, un problema evidente hoy en Pinamar. Se menciona la necesidad de más transporte público, dice, pero con pocas definiciones”.

A esto se suma otra advertencia central: “También requieren especial atención las redes de infraestructura de servicios, especialmente las pluviales, cloacales y de provisión de agua. Son indispensables para la calidad de vida y la sanidad de una ciudad”.
Según este experimentado urbanista, cualquier planificación a largo plazo corre el riesgo de fallar si no se apoya primero en una base sólida. Y ese, asegura, todavía es un punto en cuestión del proyecto.
Asamblea pública
El viernes 20 y el lunes 23 de febrero se llevó a cabo, en el Centro Cultural Ostende, una audiencia pública convocada por el gobierno local para conocer distintos puntos de vista, inquietudes y críticas de vecinos y de voces especializadas.
El primer día, el debate fue equilibrado, pero el lunes predominaron las críticas. Hubo alrededor de cuarenta intervenciones y, como suele ocurrir en estos casos, algunas fueron ruidosas.
Las exposiciones fueron disímiles según su procedencia: de rigor técnico cuando provenían de instituciones con incumbencias; de otro tenor, cuando respondían a intereses propios; y de un tipo distinto cuando las formulaba un vecino en particular.
En cuanto a la participación ciudadana, de los entre doscientos y trescientos asistentes, una cuarta parte intervino, una cantidad poco significativa si se considera que Pinamar tiene cuarenta mil habitantes estables.
El intendente de Pinamar, Juan Ibarguren, sintetizó a ARQ su postura con una idea central: “Pinamar debe crecer sin perder lo que la hace única”. A partir de esa premisa, dice que el plan “ordena dónde vivir, dónde trabajar y dónde preservar para evitar conflictos futuros”.
“Deja reglas claras, agrega, con una perspectiva ambiental que prioriza el cuidado del frente marítimo y, sobre todo, del recurso hídrico; además, aporta previsibilidad urbana para que las próximas generaciones reciban una ciudad organizada y no un crecimiento improvisado”.
En relación con las inquietudes surgidas durante la audiencia pública, Ibarguren señaló que la propuesta “nace para anticipar problemas de infraestructura, servicios y convivencia urbana antes de que aparezcan”.
También detalló que varios participantes plantearon dudas vinculadas con la densidad poblacional y aclaró que el proyecto será ajustado técnicamente para dar respuesta a esas observaciones.
Finalmente, el intendente remarcó que “no es un plan cerrado: es una planificación construida con la comunidad”, subrayando el carácter evolutivo y participativo del proceso.
Los arquitectos de Pinamar
Diego Domingorena, presidente del Distrito IX del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires, expresó la posición institucional sobre el plan al señalar que “consideramos positivo el proyecto, porque contar con un código que contemple el crecimiento es una garantía para que el impacto territorial sea sostenible”.
Al referirse a la adecuación del plan a la normativa provincial, Domingorena aclaró que el proyecto cumple con los lineamientos vigentes, aunque “eso no impide que deba recibir algunos ajustes y correcciones antes de su aprobación en el Concejo Deliberante de Pinamar”.

En cuanto a la preservación dunar, el impacto sobre el acuífero, la erosión costera y el desarrollo urbano, el arquitecto advirtió que existen aspectos que requieren especial atención. Mencionó que “el proyecto de unas torres queda fuera de la escala lógica que Pinamar debe mantener, vinculada a la altura de los pinos y de los árboles más grandes”.
Y añadió que, respecto del impacto ambiental, “la capacidad de carga está contemplada, ya que el código se apoya en la existencia de infraestructuras y servicios que deben estar previamente consolidados”.
Finalmente, Domingorena valoró la metodología con la que el municipio elaboró el plan. Según explicó, “las metodologías empleadas son las correctas e indicadas por las normas vigentes. Es un proyecto que llevó mucho tiempo; no se desarrolló con apuros, sino que se tomaron los plazos necesarios”.
Densificar de manera sostenible
El arquitecto y urbanista Álvaro García Resta, presidente de la Sociedad Central de Arquitectos, evaluó la visión de ciudad que propone el plan y consideró que “generar una propuesta de planificación a mediano plazo resulta acertado para cualquier ciudad”.
También señaló que el desafío principal consiste en “recibir densidad de manera inteligente y sostenible, preservando sus activos naturales, paisajísticos, culturales, sociales y productivos”.

Al reflexionar sobre la identidad y la morfología histórica de Pinamar, Resta observó que las ciudades no cambian por un plan en sí mismo, sino porque cambia la vida de sus habitantes. “En todo caso -añadió-, el plan debe ser lo suficientemente agudo como para registrar esos cambios y traducirlos de manera inteligente en la normativa”.
En relación con la articulación entre el plan maestro y el Código de Ordenamiento Urbano, sostuvo que “los planes urbanos deben comenzar por la gente; son procesos de abajo hacia arriba. Los buenos proyectos surgen de buenos procesos, abiertos y participativos, capaces de liderar una escucha activa, generar consensos y alcanzar convergencias”.

Para él, esta base social constituye “un gran acuerdo que atienda la complejidad de una ciudad”. Respecto de los criterios que deberían orientar el crecimiento de ciudades costeras, Resta detalló que “generar capacidad para retener a la población cerca de las centralidades es una estrategia inteligente”.
Asimismo, destacó la importancia de “potenciar diferentes centralidades según su matriz productiva y social”. En su opinión, Pinamar “creció bien porque se planificó”, y por ello considera oportuno actualizar la planificación en este momento.
La lupa del sector privado
Algunos empresarios hoteleros y desarrolladores con presencia en Pinamar también compartieron su postura respecto del plan. Entre ellos se encuentra Joaquín Bustillo, titular de la empresa CELTIS, firma líder del mercado local con veinte años de trayectoria en el desarrollo de edificios de departamentos, locales comerciales y loteos.
En diálogo con ARQ, Bustillo valoró positivamente la iniciativa al señalar que el Plan 2050 “da proyección, certeza, seguridad y armonía al desarrollo futuro de nuestra ciudad”. Asimismo, destacó que “su impacto es favorable, porque genera empleo, reactiva el turismo e impulsa la economía”.

El desarrollador también informó que su empresa ya está acompañando los primeros pasos del plan mediante el desarrollo de 63 departamentos de alta calidad, ubicados en una de las zonas más exclusivas de Cariló.
Por su parte, el empresario hotelero Hugo Tavelli, referente del sector en la región, manifestó que “la infraestructura actual no está preparada para seguir en desarrollo”, una situación que -según subrayó- “fue advertida y considerada por los técnicos durante la presentación y en la audiencia pública”.

Tavelli añadió que “el cambio es permanente y el crecimiento inevitable; lo fundamental es contar con una planificación adecuada, como la que plantea el Plan Pinamar 2050 para las distintas áreas en expansión”.
Cariló Sur, una probeta de expansión
Como antecedente la localidad balnearia de Cariló -que, junto con Pinamar ciudad, Ostende, Valeria del Mar, integra el Partido de Pinamar- también ha atravesado en los últimos años diversos procesos de transformación urbana.

En el año 2020, el Honorable Concejo Deliberante de Pinamar aprobó la resolución 5738/2020 que permitió el desarrollo de un nuevo Distrito Residencial de Viviendas de Baja Densidad, el mismo que había sido promulgado por la Secretaría de Planeamiento del Municipio de Pinamar.
Juan Alberto González Morón, arquitecto especializado en Gestión y Gererenciamiento de proyectos, exprofesor en la FADU y desarrollador de Cariló, destacó que “el Plan 2050 tiene la virtud de establecer normas para todo el partido. Su principal fortaleza, derivada de esa integralidad, es que define condiciones distintas para cada sector del territorio, ajustadas a sus características específicas”.
En relación con la posibilidad de que este plan funcione como modelo replicable, González Morón observó que “cada localización requiere un diagnóstico preciso y una respuesta a medida”. No obstante, subrayó que “lo que sí resulta replicable es la estrategia de gestión integral, con la participación de todos los actores y la búsqueda de consensos: un proceso virtuoso y poco frecuente”.
Respecto de las oportunidades que identifica en torno al futuro de la región, el arquitecto concluye apoyando firmemente la iniciativa que “la ocasión que se abre para reposicionar Pinamar ofreciendo una variedad de propuestas turísticas -de múltiples escalas, variedades y tipologías- es enorme”.
Asimismo, consideró que “el Municipio debería enfatizar que el crecimiento es la mejor vía para generar los recursos necesarios para realizar obras difíciles de afrontar en un partido estancado o envejecido”.
Por último, advirtió que “el mayor riesgo es que la aplicación no se realice con eficiencia y eso retrase los proyectos, o que un exceso de velocidad comprometa los controles”.


Deja un comentario